lunes, 6 de mayo de 2013

LA RAZÓN INEXACTA DEL ARTE

Inicio la lectura del libro de Javier Sierra, “El maestro del Prado”. Lo primero que leo dice: “Vivimos tiempos en los que los mensajes del arte parecen no importarle ya a nadie. Nos han hecho creer que lo único que interesa de éste es su aspecto formal, estético, los pigmentos o las técnicas empleados, e incluso la biografía o las circunstancias personales del artista. Todo antes que preguntarnos por la razón exacta que llevó a la ejecución de una obra como ésta. Desde esa visión materialista del arte, prestar atención al mensaje equivale a adentrarse en lo especulativo, en lo inmaterial. Pero no es así. En realidad es centrarse en el lado espiritual de la pintura, en su quintaesencia”.

A mi modo de entender, no hay una razón exacta para la creación de una obra de arte, incluso aunque responda a un encargo condicionado, pues nunca sería posible la creación artística sin la confluencia de distintas razones, más bien inexactas por ser unas conscientes y otras subconscientes.

Diseccionar el arte haciendo literatura del tema y poniendo en otro lado y en segundo plano la técnica, el estilo, la estética y la vida del autor, cuando no es posible separar arte y vida, es más propio de historiadores y críticos que necesitan ordenar y jerarquizar para su análisis todos los componentes de las obras y su cronología histórica vinculada a lo predominante de cada época.

Para el artista todo va fundido en su medio expresivo, igual la información que posee que lo que es propio de su medio, de suma importancia éste por la atracción que lo ha hecho elegirlo. No sería posible crear si se tratara dentro de compartimentos estancos todo lo que entra en la creación. Se puede hacer literatura del arte y contextualizarlo, y si la literatura y la información son buenas lo complementarán, pero la información y la literatura no son arte pictórico, aunque puedan interesar y estimular al artista.

El lector discurre por las líneas de las palabras y la imaginación, pero el espectador de un cuadro lee mirando de una forma distinta, algo sobre lo que no hace falta abundar, pues ya pasaron más de cien años desde que Kandinsky escribió “De lo espiritual en el arte”. Pero, en cualquier caso, nunca deberíamos pasar por alto que el arte (tecnhé) nació por la unión de distintas inteligencias, entre ellas la imprescindible inteligencia técnica.

Un misterio podrá motivar una obra de arte, pero no es el arte de la obra. No hay un solo lado espiritual de la pintura, pues lo espiritual habita entre todo lo que forma parte de ella, sin jerarquías ni exclusiones, y, aunque trastocando el principio de McLuhan, el mensaje es más que el medio, pero necesariamente el medio está comprendido siempre en lo que se transmite, porque la forma y el contenido habitan por igual en el misterio del arte: en su quintaesencia: que es la forma en que se transmuta y trasciende una energía: la del artista que se proyecta y expresa en toda la realidad que cabe en un cuadro.