lunes, 12 de agosto de 2013

Horizonte soñado



En 1994 comencé a trabajar en una serie de grabados titulada “Horizontal”. Con ella en marcha, caí en la cuenta de que, inconscientemente, estaba ilustrando un sueño de años atrás:

Me encontraba por la noche tumbado en el arenal de la playa de San Lorenzo, en el extremo de la desembocadura del río Piles. Aunque el fondo negro de la noche ciega el horizonte marítimo, lo veía flotar con luz propia.




Al otro lado, las fachadas de los edificios enfrentadas a la bahía gijonesa, me ofrecían su retícula geométrica con los puntos de luz de sus ventanas repartidos por ella al azar.

También veía la rampa más próxima para subir desde la arena al paseo de El Muro con barandillas doradas, ascendiendo indefinidamente hasta perderse en la oscuridad del cielo.

Aquel sueño me dio una gran sensación de paz y bienestar. Después, durante meses, cada vez que lo recordaba volvía a recuperar la misma sensación.

Pasado el tiempo, ya en otras noches de vigilia, tengo contemplado desde lejos las mismas fachadas esperando a que se encendiese o apagase algún rectángulo de sus ventanas, pensando en los posibles motivos que pueden llevar a una mano a impulsar la llave de la luz, imaginándome historias anónimas, unas más trascendentes que otras... pero todas ellas contribuyendo a configurar una estética nocturna y azarosa de lo urbano.




Igualmente, imaginaba las partes apagadas como ausentes, como si sus luces reticulares hubiesen ascendido sin perder el orden para sobrevolar los edificios como una partitura de sueños colectivos...


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