viernes, 12 de septiembre de 2014

DECLARACIÓN





Subo al estudio. Con la frescura de la primera mirada observo el cuadro de cuatro metros en el que vengo trabajando, casi en exclusiva, desde el pasado mes de noviembre.

Lo escucho, y me pide que lo deje todo resuelto con minúsculas motas puntillistas, como si las motas fueran de un polvo cromático que se fuera posando, y que lo configuran a la vez que lo desconfiguran: como una pintura siempre en gerundio: siendo.

Tengo el empeño en esta obra como si fuera la única de mi existencia, y en cierto modo es así. A estas alturas he soltado lastre y me he independizado de toda la deriva y ambición que parte de la creación artística hacia otros terrenos no creativos ni artísticos, incluso contrarios a la creación.

Estoy en el mundo real, pero ahora mismo soy un eremita metido en un lienzo de cuatro metros, en la base de una pirámide que se fuga hacia la luz.

No necesito más para salir por donde hace tantos años entré, como a través del espejo... Es lo coherente, coherente con el título que me regaló hace poco una amiga escritora: “Camino interior”.





CAMINO INTERIOR
Noviembre de 2013 - noviembre de 2014
Óleo sobre lienzo
195 x 390 cm.