miércoles, 14 de agosto de 2013

Extracto del trabajo de fin de carrera de Lucía Monte Armenteros, con el que fue puntuada por el tribunal con un nueve.



LA OBRA ESCULTÓRICA DE FRANCISCO FRESNO






Lucía Monte Armenteros
Tutora: Soledad Álvarez
Grado en Historia del Arte
4º Curso
Julio – 2013
Universidad de Oviedo





Dentro de la escultura contemporánea en Asturias la presencia de la obra de Fresno, próxima al ciudadano en los espacios públicos, tiene un lugar destacado por su originalidad y por la seriedad de sus planteamientos, lo que supone un material interesante para profundizar en su estudio.

El objetivo de este trabajo es analizar la evolución de la obra de Fresno a través del tiempo, definiendo las series escultóricas desde sus inicios con la madera hasta las planchas de acero en sus obras de madurez, distinguiendo así distintas etapas en las que predominan diversos elementos sencillos que van desde la línea y el punto hasta la semilla y la hoja, elementos que el autor elabora hasta conseguir estructuras complejas y planteamientos originales, a partir de conceptos como la presencia de la ausencia, el paso del tiempo, el límite, la germinación y el crecimiento, el desgaste y el fin, la presencia y la ausencia, la vida y la muerte... Todo ello influido por la relación de la luz sobre sus esculturas, siendo un aspecto importante el análisis de la escultura pública de Fresno, situada fundamentalmente en Gijón, con ejemplos importantes en Moreda y en Bernueces.





II. FRANCISCO FRESNO: FORMACIÓN Y TRAYECTORIA ARTÍSTICA


Francisco Fresno nació el 17 de febrero de 1954 en Carda, Villaviciosa. Pero será en Gijón, donde residirá toda su vida y donde crecerá e iniciará el desarrollo de su actividad artística. Sin embargo, los orígenes son las raíces de uno mismo y éstos le han marcado profundamente en su trayectoria artística.




Ya desde sus inicios artísticos las herramientas base de su trabajo serán la reflexión y la investigación. Su obra, de lento quehacer, ha ido madurando al igual que sus intereses estéticos, tornándose más compleja y exquisita. De esta forma alcanza una obra de gran virtuosismo, delicadeza y una poética de elevada sutileza.




Sus comienzos artísticos son como pintor en la década de los setenta, tomando como motivos principales de sus obras el paisaje y la naturaleza, dos aspectos que terminarán por convertirse en los temas fundamentales de su producción. En estos momentos realiza paisajes de gran luminosidad, pincelada suelta y jugosos colores.




A finales de la década de los 80 y a lo largo de la siguiente comienza a realizar collages con un toque escultórico, labor que compagina con el grabado. Es en esta época en la que se puede situar su arranque escultórico, momento en el que Fresno empieza a encolar elementos pictóricos en las caras de cubos, introduciendo así la tercera dimensión en su obra.


 En los años 90 ya nos encontramos con su producción propiamente escultórica, considerada a juicio de Alfonso Palacio “lo más interesante de su producción”, motivo de este trabajo y cuyas series más destacadas serán analizadas en el siguiente epígrafe.

Entre 2001-2002 Fresno decide abandonar el trabajo, en tareas docentes y de diseño, y dedicarse por entero al arte en sus múltiples facetas (el dibujo, el grabado, la escultura y la pintura).




En relación a las tareas docentes, Fresno fue profesor durante siete años (1981-1988) en la Universidad Popular de Gijón. Al año siguiente de su incorporación docente crea un Centro de Formación Profesional orientado a la rotulación, el diseño y el cartelismo, fundando años más tarde una empresa dedicada a las mismas actividades pero que incluían ya el uso de las nuevas tecnologías como ordenadores, escáneres y plotters de corte. El manejo y conocimiento de estos instrumentos influyeron notablemente en su obra posterior, sobre todo aquellas relativas a la manipulación y exploración selectiva de estructuras gráficas. Entre 1996 y 1997 Fresno comienza a utilizar de manera sistemática las nuevas tecnologías para la elaboración de su producción artística, ampliando las síntesis habituales de sus obras hasta que desbordan los límites de la sorpresa y de la realidad, en las que va superponiendo dos elementos que en un principio pueden parecer opuestos: los media y el arte.

En lo referente a su obra, podría decirse en líneas generales que Fresno sigue dos caminos fundamentales: uno racionalista y purista, y otro vitalista y expresionista. Además de una clara influencia del cinetismo y del conceptualismo, que han orientado y determinado la evolución de su producción.

En la evolución de su trayectoria, Fresno deja entrever su personalidad, de elevada organización, así como las diferentes facetas de la misma, una personalidad, sin ninguna duda, única. Y no sólo se limitan las actuaciones de Fresno a la creación artística, sino que además a escrito en abundancia sobre su propia obra. Una riquísima información acerca de su postura ante diferentes problemáticas técnicas o poéticas, así como ante la realidad, la sociedad y el mundo en general.




III. SERIES ESCULTÓRICAS


La producción escultórica de Fresno se ve constantemente influida por su obra pictórica (también del dibujo y el grabado), emanando de ésta misma en muchas ocasiones sus esculturas. Fresno la define como una influencia de ida y vuelta entre ambas disciplinas, que las enriquece, amplía y comunica.

Algo que caracteriza la producción escultórica de Francisco Fresno es el dominio de la unidad, con un desarrollo de su producción escultórica en ciclos. Él mismo habla de su evolución escultórica en fases bien diferenciadas, casi “mutaciones”, en las que no deja de haber una conexión de fondo, un hilo conductor, una relación entre ellas, pues las fronteras entre ambas series son poco nítidas, algo que no excluye la constante transformación.

Quizá esta relación se deba a que presentan contenido semejante, recurriendo con frecuencia al binomio fundamental de la obra de Fresno: naturaleza y belleza, que puede aparecer en ocasiones combinado con otros términos como el tiempo, el espacio, la geometría, la sensibilidad, el azar... Sintetizando, se podría decir que en la obra de Fresno se da una continuidad en lo esencial y una transformación en lo accesorio.




Como consecuencia de esta evolución tan marcada, podría establecerse una división a partir de las unidades que plantea en sus obras, denominadas por algunos autores, como Rubén Suárez o Francisco Zapico, como “unidades Fresno”, tratándose de unidades de forma. Así encontramos la línea, el punto y la semilla, ésta última unidad nacida del resultado del desplazamiento de dos círculos superpuestos






III. 1. Unidad línea (1990-1993)


La “unidad línea” es la primera fase de la producción escultórica de Fresno. Nace de sus pinturas y collages realizados con tiras de papel entintado de marcado sentido expresionista. Este expresionismo se convierte en geometría cuando Fresno traslada esas pinturas a esculturas, cambiando el papel por la madera y convirtiendo el color en línea.




Nos encontramos ante estructuras simples, equilibradas y armónicas, en las que el artista juega con lo oculto y lo visible. Son cajas abiertas rectangulares o rectas columnas huecas en cuyo interior se encuentran series paralelas de láminas coloreadas.




Para esta serie Fresno encuentra su inspiración, una vez más, en la naturaleza. Proviene de sus primeros recuerdos de las plantaciones de eucaliptos de Villaviciosa. Sus troncos de fuerte verticalidad marcan tramas de líneas y los rayos de luz que se cuelan entre las copas de los árboles, coloreando sus hojas, impresionaron profundamente a nuestro artista.

En la colección del Museo de Bellas Artes de Asturias (Oviedo) se encuentra la Columna MJD de 1991, realizada con fibra de madera prensada y lacada, siguiendo el mismo procedimiento que en las columnas anteriormente citadas, conservando su acusada verticalidad, el uso del color negro y utilizando en los cantos colores rojos y azules, para conseguir unas notas menos graves de color. En relación con esta obra, Alfonso Palacio escribe en el catálogo de arte contemporáneo del Museo de Bellas Artes de Asturias que tiene “un cierto orden próximo a lo musical en toda la composición”.







III.2. Unidad punto (1993-1995)


El punto aparece integrado en la escultura de Fresno a partir de las pinturas realizadas por ordenador, algunas de marcada abstracción y otras en las que aparecen alusiones figurativas. En estas nuevas piezas se da un cambio de entidad física o geométrica, pero permanecen en ellas los conceptos del espacio y del tiempo presentes ya en las anteriores.




Al igual que en la fase anterior, “unidad línea”, las obras que crea en este momento presentan también una acusada influencia de sus pinturas coetáneas. En ellas, a través del punto iba realizando itinerarios, circuitos de color, que se degradaban al pasar de un color a otro, con una estética que se relaciona rápidamente con los circuitos de ordenadores, recordando al mundo de la electrónica. A veces, a través de estas redondeces cromáticas sugiere huellas o trayectorias humanas. Se trata más bien de alusiones figurativas, formadas a partir de puntos, que llegan a difuminarse en ocasiones sus contornos, dotando a estas obras de un sentido trascendental, de evanescencia, como si se tratara de una ráfaga de viento que dispersa los círculos que conforman las figuras a su paso.




Es en la segunda mitad de la década de los 90 cuando la unidad punto llega a su fin o, por el contrario, experimenta un mayor realce al convertirse en semilla, resultado del cruce de dos círculos superpuestos al moverse. Sin embargo, la semilla no será el único elemento base para su siguiente fase escultórica, en la que también aparecen otras formas de carácter más orgánico, como por ejemplo las hojas, a las que toma como modelos directamente de su jardín.



III.3. Unidad semilla (1996-Actualidad)


Podría decirse que nos encontramos ante su etapa más representativa y significativa, calificada por muchos comentaristas (Alfonso Palacio o Soledad Álvarez), a los que me suscribo, como lo mejor de su obra, pues se trata del momento de mayor entrega a la pureza y a la esencia, eliminando los elementos sensoriales y coloristas. Sin embargo, el color no desaparece pues es sustituido por las tonalidades del metal al oxidarse en respuesta a la intemperie, una metáfora del paso del tiempo, motivo que será de gran importancia en esta serie.





Tanto en sus pinturas como en sus esculturas comienzan a aparecer pequeñas formas ovaladas que crean grupos vegetales. Aunque la unidad principal de esta etapa sea la semilla, las formas ovaladas también pueden interpretarse como hojas.






Este período comienza en el año 1996, momento en el que expone en el Museo Casa Natal de Jovellanos (Gijón) su obra Simiente (1996). En esta pieza aparece por primera vez el motivo de la semilla. Buena parte de su superficie está recorrida por una malla de rigurosos puntos realizada por ordenador. Se contrapone así la rigidez de su parte superior con las volátiles semillas que rompen el orden y permanecen suspendidas en el espacio.

Francisco Fresno insiste en esta etapa en las relaciones entre el espacio y la luz, teniendo al paisaje como lejana referencia temática y siguiendo la idea de la germinación y el desarrollo de los ciclos de la naturaleza como metáfora de vida.

En estas esculturas, muchas de ellas de carácter calado, esa semilla, que a veces aparece metamorfoseada en hoja, representa el vacío, y en ocasiones, parece que un viento incierto desfleca y desdibuja sus contornos.






    1. ESCULTURA PÚBLICA

Es durante el período democrático, iniciado en 1979, cuando las actuaciones municipales se han caracterizado por la implantación de esculturas en espacios urbanos de nueva planta o en aquellos recuperados a raíz de la desindustrialización de las ciudades a causa de la entrada de España en la Unión Europea. Gran parte de estas actuaciones se han basado en el diseño de estos espacios como zonas de paseo, espacios para el uso y el disfrute de la ciudadanía.

Posiblemente su obra pública más destacada sea Torre de la memoria del año 2000. Este proyecto surge a raíz del cierre definitivo de la Factoría Siderúrgica de Moreda en 1980, una de las primeras siderúrgicas instaladas en la ciudad, que tras su desmantelamiento dejó libre una gran superficie intraurbana. En la actualidad, esta zona se ha convertido en una zona verde al servicio de la ciudadanía, en la que también se encuentra integrada esta magnífica obra de Fresno.




En el momento en el que se proyecta un plan urbanístico de recuperación de esta zona, se solicita la colaboración de Fresno para la realización de un “monumento conmemorativo”, que recordase el importante pasado industrial de la superficie en la que se levanta. Evoca el pasado del Parque de Moreda a través del soporte matérico, (hierro y acero), a través de su forma geométrica con acusado sentido vertical y a través de su altura de 16 metros.




La última obra a comentar en este apartado es la realizada en el año 2009 en la zona de Bernueces y se titula Hacia la luz, título sacado de la biografía de Hellen Keller, escritora americana ciega y sordomuda de nacimiento, lo que le supuso una gran limitación para conectar con el mundo.

Es la escultura más alta de Gijón, presentada emergiendo de la tierra como una gran cuña que se eleva buscando la luz. En este ascenso va perdiendo volumen y materialidad, hasta llegar al límite superior con una sugerencia de fuga causada por las formas ovaladas huecas que se encuentran en esa zona.




La obra presenta una tonalidad rojiza debido al material del que esta hecha, el acero cortén, y a la oxidación de su superficie con el tiempo, que destaca sobre el azul del cielo, produciendo un contraste cromático de colores complementarios.






    1. TRABAJOS RECIENTES

La actividad artística de Fresno se centra en estos momentos sobre todo en la pintura. Continua tomando como motivos principales de su obra el paisaje y la naturaleza. Tanto en grande como en pequeño formato, con su técnica de pequeños puntos de color aplicados con la punta de una espátula, va realizando sus composiciones, con mucha carga matérica, en una línea parecida al impresionismo o al puntillismo.




En lo referente a la temática, en estas obras recurre a paisajes o a pequeños elementos o fragmentos de paisaje, partiendo de fotografías, que amplía y superpone para lograr un efecto de profundidad y de misterio, que parecen invitar al espectador a seguir los pasos del artista y adentrarse en los bosques que aparecen en sus últimas obras.









 VI. CONCLUSIONES


La genialidad de Francisco Fresno estriba en ser un artista multidisciplinar, que trabajó la pintura, la escultura, el dibujo, el grabado y el collage, obteniendo magníficos resultados en todas las disciplinas. También se dedicó a la enseñanza de la práctica de las artes visuales, se ocupó de escribir y de reflexionar sobre su obra y se adentró en el manejo de las técnicas de producción y estampación por medios informáticos, siendo pionero en la utilización del ordenador con fines artísticos.





La obra de Fresno se articula a partir de conceptos como el paso del tiempo, lo fugaz del momento, la importancia de la luz y del color, el ciclo de la vida y su brevedad, la germinación, el desgaste de la materia, el límite, el crecimiento, el fin, la presencia y la ausencia, la vida y la muerte, lo efímero y cambiante de la realidad, la perfección formal, el descubrimiento y el azar, el rigor, la geometría, el lirismo y el espacio. 








Copyright de la imágenes: Marcos Morilla, Sergio Vega, Karmen Sáenz, Francisco Fresno y VEGAP




lunes, 12 de agosto de 2013

Horizonte soñado



En 1994 comencé a trabajar en una serie de grabados titulada “Horizontal”. Con ella en marcha, caí en la cuenta de que, inconscientemente, estaba ilustrando un sueño de años atrás:

Me encontraba por la noche tumbado en el arenal de la playa de San Lorenzo, en el extremo de la desembocadura del río Piles. Aunque el fondo negro de la noche ciega el horizonte marítimo, lo veía flotar con luz propia.




Al otro lado, las fachadas de los edificios enfrentadas a la bahía gijonesa, me ofrecían su retícula geométrica con los puntos de luz de sus ventanas repartidos por ella al azar.

También veía la rampa más próxima para subir desde la arena al paseo de El Muro con barandillas doradas, ascendiendo indefinidamente hasta perderse en la oscuridad del cielo.

Aquel sueño me dio una gran sensación de paz y bienestar. Después, durante meses, cada vez que lo recordaba volvía a recuperar la misma sensación.

Pasado el tiempo, ya en otras noches de vigilia, tengo contemplado desde lejos las mismas fachadas esperando a que se encendiese o apagase algún rectángulo de sus ventanas, pensando en los posibles motivos que pueden llevar a una mano a impulsar la llave de la luz, imaginándome historias anónimas, unas más trascendentes que otras... pero todas ellas contribuyendo a configurar una estética nocturna y azarosa de lo urbano.




Igualmente, imaginaba las partes apagadas como ausentes, como si sus luces reticulares hubiesen ascendido sin perder el orden para sobrevolar los edificios como una partitura de sueños colectivos...




Copyright de las imágenes: Francisco Fresno y VEGAP